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Riccardo Muti: «Me he cansado de la vida, porque este es un mundo en el que no me reconozco»

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El director de orquesta italiano, titular de la Sinfónica de Chicago, cumple 80 años aferrado a la batuta y a sus convicciones

El director de orquesta italiano Riccardo Muti

«Me he cansado de la vida», decía hace justamente un mes Riccardo Muti (Nápoles, 28 de julio 1941), el más grande director de orquesta del mundo, una leyenda viva, considerado como el heredero de Arturo Toscanini, uno de los más grandes directores de orquesta de todos los tiempos.

El entrevistador, Aldo Cazzulllo, un gran periodista del ‘Corriere’, sorprendido por la frase de Muti mostrando su cansancio de la vida, le replicó: «¿Por qué dice eso?». El maestro explicó: «Porque es un mundo en el que ya no me reconozco. Y como no puedo esperar que el mundo se adapte a mí, prefiero apartarme del camino. Como en Falstaff [ópera de Verdi]: ‘Todo declina’». Tampoco dejó satisfecho al periodista la respuesta del maestro Muti, porque cuesta trabajo entender esas palabras de un director de orquesta que mantiene una gran actividad, con giras y conciertos en todo el mundo y contrato con la sinfónica de Chicago hasta el 2022. De ahí que el periodista repitiera la pregunta: «Por qué dice esto?». Riccardo Muti se explicó remontándose a su adolescencia, años decisivos en su formación: «Porque tuve la suerte de crecer en la década de 1950, de asistir a la escuela secundaria en Molfetta, con profesores no severos, muy severos. Recuerdo una pregunta en latín en la escuela secundaria. El profesor me preguntó: ‘Pluit aqua’; ¿qué caso es aqua? En lugar de ablativo, respondí: nominativo. Me agarró de las orejas y me sacudió como una cuerda de campana. Gracias a ese profesor, nunca más me equivoqué en una cita en latín. Hoy lo arrestarían. Por supuesto, estoy contra el castigo corporal, pero echo en falta la seridad».

Precisamente, Riccardo Muti lamenta que los directores de orquesta gesticulen mucho, pero estudien poco y desconozcan el latín. El maestro no se reconoce ya ni siquiera en cómo se ejerce hoy su profesión: «La dirección de orquesta se ha convertido a menudo en una profesión de conveniencia. A menudo, los jóvenes llegan a dirigir sin estudios largos y serios. Afrontan obras monumentales al inicio de su actividad, basadas en la eficacia del gesto, de la gesticulación».

Las rentas del glorioso pasado

Muti no solo es crítico con los directores de orquesta. El maestro vive también la desilusión de la política. Él no se considera de derecha ni de izquierda: «Me sitúo entre aquellas personas que intentan dar indicaciones útiles», afirma. Se ha quejado a menudo de las deficiencias a las que los políticos no ponen remedio, de forma particular se refiere a la cultura y a la música: «No hay orquestas, la enseñanza de la música en las escuelas es inexistente, demasiados teatros históricos permanecen cerrados… Me duele ver al país caer en la ignorancia. Vivimos de las rentas del glorioso pasado. Tenemos un inmenso patrimonio cultural que se está precipitando a pesar de los esfuerzos de algunas personas. Respeto a Franceschini [ministro de Cultura], pero una persona sola no es suficiente».

Riccardo Muti habla siempre con enorme pasión de su profesión, que explica en su libro ‘El infinito entre las notas. Mi viaje en la música’ (Solferino, 2019): «La del músico es una profesión que se elige por pasión, casi se podría decir que es una misión: en constante búsqueda de una verdad interpretativa, de una perfección inalcanzable».

Esa pasión le sigue moviendo a mantener una gran actividad, sin confines, considerando que «la música une a los pueblos». Precisamente, con esa misión musical de amistad entre los pueblos dirigió el pasado 4 de julio la obra ‘Purgatorio’ del compositor armenio contemporáneo más importante Tigran Mansurian (82 años), en el Teatro de la Ópera de Ereván (Armenia). Muti recibió diez minutos de aplausos, con el público puesto en pie. Las palabras del maestro italiano reflejan cómo entiende su misión en la música, que es también diplomacia cultural: «Hoy volvemos aquí en un momento políticamente delicado, para reafirmar nuestra amistad, para lanzar un puente de hermandad, signo de esperanza para este país que parece olvidado y que, en el centro de potencias como Turquía, Azerbaiyán e Irán, corre el riesgo de desaparecer. El nuestro es un gesto de solidaridad hacia un Estado que hay que defender hasta el final, en nombre de la cultura, la belleza, la música».

Amor a la belleza

En las vísperas de su 80 cumpleaños, Italia reconoce en el maestro Muti uno de sus más ilustres ciudadanos, «un patrimonio de la humanidad», lo define el periódico ‘Il Foglio’. Todos destacan sus virtudes, como el amor a la belleza, el culto al perfeccionismo, una profunda idea ética del trabajo, su lucha por un sistema de enseñanza serio en todo el país. Muti es una estrella internacional, pero es un patriota, que pregona en todo el mundo su amor por Italia y su tierra napolitana. Allí le dieron hace un par de semanas un homenaje por su 80 cumpleaños. «Se trata de un reconocimiento –dijo el presidente de la región de Campania, Vincenzo De Luca- a una de las personalidades más eminentes de la cultura, no solo de la musical, de nuestro país, sino sobre todo un exponente de una categoría muy rara en Italia: la de los hombres libres. Es un homenaje al hombre libre, de gran honestidad intelectual, que honra a Italia».

Riccardo Muti celebrará su 80 cumpleaños en familia. Mañana dirigirá en el Palacio del Quirinal de Roma un concierto, al que asistirán los ministros de Cultura del G-20, con la Sinfonía n. 9 de Dvorák. El 30 volverá a Nápoles para la fiesta que le dedica ‘su’ Conservatorio, donde comenzó sus estudios. Y el 31 subirá al podio para dirigir la Orquesta de Jóvenes de Scampia, famoso barrio napolitano con graves problemas sociales. El maestro Muti se ha prodigado en acciones de beneficencia y de ayuda a los jóvenes, algo que también ve como una misión: «Los jóvenes son la fuerza de nuestra país, hay que valorizarlos».

Muti es leyenda vida, personaje sencillo que huye de las aclamaciones. Por eso, ya ha dejado dicho que cuando muera no quiere aplausos: «En mi funeral quiero silencio, si alguien aplaude volveré a molestarlo por la noche».

Fuente: ABC

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