MISTERIO

Pizarro y la conquista de Cajamarca

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SEVILLA 13.9.2020 / Jose Manuel García Bautista

Se puede considerar un logro lo que Francisco Pizarro consiguió al mando de un pequeño grupo formado por 167 soldados. Aquel épico relato nos llegó por parte de Miguel de estele.

Sucedió el 15 de noviembre de 1532. Pizarro quería ser el gobernador del gran imperio de los Incas. En Cajamarca quiere imponerse y también aumentar su sed de oro y piedras preciosas. Así incauta 200 toneladas de oro procedentes de los yacimientos de Pirú.

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Los conquistadores esperaban al inca Atahualpa en la plaza de Cajamarca, de 200 metros cuadrados.

Así un ejército de 30.000 soldados, un tercio del ejército inca, acampa en las proximidades mientras el rey inca acudía a su cita.

Los españoles allí aguardaban, montados a caballo (un animal desconocido para los incas), con sus armaduras relucientes y armados con armas de fuego y pólvora. Allí los barbados españoles, tensos, esperaban los acontecimientos. Eran vistos como semidioses, aunque muchos de los incas ya habían notado que eran simples seres humanos.

Atahualpa entra en la plaza de Cajamarca, cargado de oro y piedras preciosas así como animales exóticos. Con ellos un séquito de bailarines, nobles vestidos de azul y soldados con armas ligeras, casi 3.000 de ellos entran escoltando a su rey.

Los españoles han invitado a los incas “como hermanos y amigos”, del edificio sale el monje Vicente Valverde, empuñando una cruz y se dirige a Atahualpa. El dominico invita al rey a entrar sin escolta a saludar a Pizarro pero éste se niega y exige la devolución de todo lo que los españoles les han robado. El religioso le exige que se somate a las leyes de Dios… Le ofrece una Biblia y éste la rechaza. En ese momento se ordena abrir fuego mientras el dominico grita exaltado: “Venid, cristianos,; el Perro se resiste a nuestro Dios. Matadlos a todos, yo os perdono”. Y la caballería se lanzaba contra los incas al grito de “¡Santiago!”.

Pizarro, entre tanto, se abre camino con veinte soldados hacia Atahualpa a quién apresa ante el desconcierto de sus hombres. Los españoles han metido a los incas en una ratonera y han cerrado las salidas, los pisotean, arremeten contra ellos, es una matanza.

Tras dos horas de “batalla” todo ha acabado. Miles de incas yacen muertos en el suelo mientras que en los españoles apenas se registran unos heridos.
Aquellos 167 soldados se apoderaron del imperio Inca.

La Historia ha contado las grandezas de los españoles en el Nuevo Mundo aunque también habría que citar su crueldad, avaricia, desproporción, intolerancia (sobre todo religiosa), que es la parte que siempre es olvidada.

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