El Bigfoot y su leyenda en Norteamérica

El Bigfoot y su leyenda en Norteamérica

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SEVILLA 29.11.2020 / Jose Manuel García Bautista

En las regiones boscosas de Norteamérica, preferentemente en Estados Unidos y Canadá, en la zona de las Montañas Rocosas y la región de los Apalaches, se han descrito la presencia de extraños seres, homínidos, que caminan erguidos sobre sus patas, con el cuerpo cubierto de pelo y gran corpulencia.

Emite un sonido, una especie de bramido inquietante y para las personas que han tenido la oportunidad de tener un encuentro con él responde al nombre de ‘Bigfoot’ por las grandes marcas que dejan sus pies, bigfoot es –traducido- ‘pies grandes’ y serie el último acto en la Tierra de estos seres peludos.

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El Bigfoot recibe diferentes nombre, en idioma indio es el Sasquatch que significa ‘hombre bestia’ y es todo un mito entre los criptozoólogos que creen que pudiera tratarse de un animal que se cree extinguido como el Gigantopithecus.

Misterio en todo el mundo

Para muchos es sólo un engaño –en torno a su figura se han dado innumerables casos de fraude y montajes fotográficos- para otros podría ser un caso de supervivencia, una especie de fósil del pasado viviente que también tendría su análogo en las frías tierras rusas, Siberia, de la mano del Alma.

Todo un mito también en las regiones más inaccesibles de Rusia.

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La primera vez que se describe un encuentro con uno de estos seres fue en el año 1818 y desde entonces, hasta nuestros días no ha dejado de ser un hecho que suele ‘despertar’ para sorpresa de todos los amantes del misterio. Son muchos los testimonios de personas que han dicho haber tenido un encuentro con éste animal. Lo describen como de más de 2,5 metros de altura, camina erguido, dejando atrás viejas costumbres homínidas, de mono, el pelaje puede variar desde el rojizo al negro, con tonos que pueden ser intermedios, tiene ojos penetrantes y despiden un olor que es muy desagradable. En los bosques de la zona se suelen sentir sonidos inquietantes que los zoólogos no identifican pero que en las antiguas tribus y entre los indios señalan como del Sasquastch, el ‘pie grande’.
En los bosques de Canadá y Estados Unidos se han encontrado vestigios de este ser, pelo extraño que no pertenecía a ninguna especie conocida y que se identifica con el Bigfoot. Igualmente huellas de enormes dimensiones, calificadas como de antropoides, y también excrementos incalificables biológicamente hablando más allá de las deposiciones orgánicas de un ser vivo. Un dato si es curioso e importante de todo ello: el ADN que se ha podido extraer es de un ser análogo al de un antropoide.
Muchos comparan un Bigfoot como un oso grizzli, uno de los grandes osos norteamericanos, de enorme fiereza y tamaño, de gran voracidad y corpulencia, sobre sus patas traseras pueden medir entre dos metros y medio y tres metros, pero los expertos dicen que es difícil confundir uno de estos animales con una especie de ‘hombre mono’ en medio del bosque. Además el oso tiende a atacar, a perseguir a aquel que entra en su territorio, hasta darle muerte; el Bigfoot más bien huye.
Una película estuvo en el ojo del huracán, es la grabación de un presunto bigfoot, la llamada filmación Patterson y Gimlin. Patterson y Gimlin se encontraban en el bosque en el lejano año de 1967 cuando vieron algo extraño y el primero se dispuso a grabarlo, era un ser peludo que andaba sobre sus patas y que marchaba apresurado hasta más allá del río. Se identificó con una hembra pero también fueron muchas las voces que se alzaron tildándolo todo de un fraude, parece que en un análisis del material se aprecia un desgarro muscular en la pata derecha, ese detalle –afirman sus defensores- no puede ser objeto de fraude y por tanto es la confirmación de la veracidad de la grabación.
En su obra ‘Fuego al fantasma’, Roland Horn, habla del Bigfoot. De entre todos los casos hace un cuadro en el que todas las personas que han dicho ser testigos de la presencia del bigfoot llevaban un arma y dispararon al animar pese a que no les había ni atacado ni sostenido una actitud amenazante hacia ellos. Pese a que se ha disparado no se ha podido demostrar jamás que un animal de estos –si es que existe- haya sido abatido y mucho menos encontrado su cadáver o restos óseos.
El Bigfoot, por tanto, es un enigma criptozoológico, un enigma de nuestros días, para unos es solamente una quimera, un engaño o una leyenda, para otros es una realidad como el caso del doctor Grover Krantz cuando presentó, en 1974, unos moldes de yeso que procedían del vaciado de unas huellas encontradas. Según las huellas tendría un peso de entre 250 y 320 kilos y medir 2,5 metros, y era la prueba irrefutable de sus existencia y para otros pues se pone en dudas también esa prueba.
Lo antropólogos opinan que de existir, hipotéticamente, sería una especie de Gigantopithecus, que sería una variante de primate dado en el sur de China y norte de India. Este espécimen pudo ser etiquetado en 1935 gracias a la identificación de molares i diente encontrados en una tienda de productos y remedios naturales. Fue en 1956 se hallaron cuatro maxilares que ya determinaron su realidad hace casi una decena de millones de año.
El Gigantopithecus habitó la Tierra entre doce y un millón y medio de años, y este podría ser el vestigio vivo de un animal que debió de extinguirse en un pasado remoto.

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