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Supersticiones y suerte (II)

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SEVILLA 18.4.2021 / Jose Manuel García Bautista

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Como podemos comprobar, las supersticiones que han vencido a los pueblos, las religiones y las costumbres, son aquellas que tienen que ver con la suerte del ser humano. Es aquel acto que, realizándolo, es posible cambiar ciertos aspectos de su vida y, por tanto, de su posible destino. De algún modo, alguna de ellas, han servido para ser incorporadas incluso a la religión de la zona, ante la dificultad de hacerla desaparecer, moldeándola un poco para adaptarla a sus edictos.

En otros casos, la propia costumbre o religión se ha encargado de crear supersticiones que antes no existían, y se han servido de ellas para extender aun más su dominio o control. Por ejemplo, ¿quién no ha pensado en algún momento que no quiere el premio gordo de la lotería, sólo un “pellizquito”, porque cree así que sin ser avaricioso, Dios o la providencia lo premiará? No deja de ser una superstición.

Así mismo, reproducimos objetos que, por oídas, sabemos que han llevado ciertos personajes históricos de la religión, porque pensamos así que nos pueden ofrecer protección frente a adversidades. Incluso conservamos ciertas reliquias de los mismos por la misma razón.

Todo esto, hay que alejarlo de otros ciertos actos u objetos que nada tienen que ver con la superstición y que, en síntesis, tienen otra forma de influir sobre las personas, y no provienen de la costumbre o el folklore, ya que estuvieron antes que estos. Por poner un ejemplo: la considerada primera religión del mundo (nos referimos a la cultura egipcia), es cierto que crearon ciertas costumbres con el desarrollo de las dinastías, pero sabemos por grabados que ciertas costumbres y conocimientos religiosos y esotéricos estaban ya como “creadas”, como siempre ahí, adoptándolas simplemente por su acción beneficiosa en el ser humano.

Debemos por tanto ser justos, y separar claramente aquello que no tiene base, aunque ha arraigado en nuestra costumbre, de lo que no ha cambiado a lo largo de los siglos, ya que funciona, y por tanto, no se tiene porqué cambiar.

Supersticiones

Hay numerosos objetos, animales, circunstancias, etc., que son propicias materias de superstición. Si bien hemos dicho que las supersticiones han sido perseguidas, y algunas, aniquiladas en las costumbres de ciertos pueblos, muchas de ellas han arraigado hasta nuestros días, siendo importantes en la vida de muchos de nosotros. Vamos a mostrar algunas, y tratar de desgranarlas para aprender de ellas, y poder separar lo cierto de lo tradicional.

Gato negro: “Si se cruza un gato negro, es designio de mala suerte”. Esta afirmación tiene su origen en la creencia religiosa egipcia de que en los gatos se reencarnaban los dioses para proteger así usando su cuerpo a las ofrendas en forma de grano del pueblo, depositadas en los silos de los templos, de los ratones. La religión católica, viendo el simbolismo pagano que encerraba, afirmó que en los gatos (sobre todo, los negros, por ser símbolo de la noche) albergaba el espíritu del mismo Diablo. De ahí que sea signo de mala suerte cruzarnos con ellos, sabiendo que es el Diablo quien los habita.

Cuadro torcido: Superstición de origen Griego, se creía que si el retrato de un Rey o personaje importante se torcía o caía al suelo, esto indicaba una “desgracia para quien estaba en el mismo, pudiendo ser la muerte”.

Encender tres cigarros con la misma cerilla: Más que una superstición, en tiempos de guerra, es un hecho que se debe evitar. Se dice que en el frente de batalla, un soldado vio en la noche una cerilla encendida. Aventuró que sería un fumador. Por lo tanto, cargó su fusil cuando se encendió esta, apuntó cuando cambió de dirección (segundo fumador) y disparó al tercer cambio de lugar (tercer fumador). Desde entonces, sólo se da fuego con una cerilla a una persona que fume, o como mucho, a dos.

Derramar sal: “Derramar la sal en la mesa es presagio de mala suerte en la economía”. Todo viene por tradición histórica. Cuando existía el trueque, era moneda de cambio la sal. Incluso posteriormente se pagaba en sal, convirtiéndose esta acción en el término “salario”. Esta sal podría ser utilizada a su vez por los comerciantes para conservar los alimentos que viajarían en un barco. Por tanto, si al poseedor de una bolsa de sal que tendría que cambiar por alimentos se le caía y derramaba, significaba que no podría realizar la “compra”, siendo una desgracia para este.

Romper un espejo: “Si se rompe un espejo, son siete años de mala suerte”. Esta sentencia tiene su origen en la catoptromancia (hablamos en un programa pasado) como método de adivinación. Si durante esta sesión, el espejo se rompía, el augur determinaba una gran desgracia sobre el consultante, ya que no se podría ver su futuro (tan penoso podría ser, que los dioses rompiendo el espejo, impedían que este lo viera). Lo siete años corresponden a los ciclos vitales de las personas.

Pasar por debajo de una escalera: “Pasar bajo una escalera trae mala suerte para aquel que se atreve”. Se basa en la creencia antigua de que el triángulo era una forma sagrada (véase las pirámides) y por tanto, no serían susceptibles de ser mancilladas. Sería por tanto un sacrilegio pasar debajo de su arco, y un augurio de mala suerte si se hace por descuido. También hay que destacar que las escaleras fueron utilizadas como elemento durante los ahorcamientos, para subirle y colocar la cuerda al cuello del reo.

Poner el pan boca abajo en la mesa: “Poner el pan boca abajo es presagio de lágrimas y penurias”. Se trata de una superstición de origen religioso-cristiano. En esta posición surgiría una ofensa al “corpus Cristi” representado en el pan, y por tanto, sería una falta de respeto colocarlo en esta posición. Además, también es una ofensa hacia el alimento que recibidos diariamente del señor.

Hay una antigua costumbre que era besarlo y hacerle tres cruces si este se caía al suelo.

Derramar el vino: “Si se derrama el vino, ha de ponerse unas gotitas de este sobre la frente”. Al igual que pasa con el pan, pero esta vez de origen pagano, esta superstición era una falta contra el fruto que la madre naturaleza nos ofrece, representado en el vino. Fluido de los dioses, usado para los grandes banquetes y celebraciones solemnes, ha representado siempre un sinónimo de abundancia y buena suerte. Posteriormente, aunque en menos medida, el cristianismo también se ha servido de esta misma superstición por ser derramada la “sangre de cristo”.

Tijeras abiertas: “Las tijeras abiertas en casa traen mal ambiente y discordias en la familia”. Se dice que si se caen y se abren, apuntando las puntas hacia una persona, posiblemente tenga disputas en su familia. Puede tener procedencia Griega, ya que Átropos cortaba el hilo de la vida con unas tijeras. También se cree que, al asemejar las espadas en duelo (de ahí viene el término utilizado en la muerte de una persona), es sinónimo de un presagio mortal para quien lo vea.

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Colocar la cama con los pies hacia la puerta: Procede de una frase que asegura que “Los muertos son los únicos que salen de casa con los dos pies por delante”. Por tanto, esta frase desaconseja que la cama esté en una posición que haga que sus ocupantes estén con los pies mirando hacia esta, por tentar a la suerte.

Empezar el día o levantarse con el pié izquierdo: Era ya de mala suerte en la antigüedad entrar en un lugar con el pié izquierdo (Petronio en el “Satiricón”). En cualquier caso, en nuestro país esta creencia se cree de origen Celta, y con relación al movimiento solar (siempre hacia la derecha), y por tanto, tentar a la mala suerte desafiando el movimiento del astro rey cuando emprendemos algo con el pié izquierdo, o a marcha contraria.

Número 13: Es el número maldito por excelencia (aunque también está el 17). Aquí se mezclan muchas tradiciones supersticiosas, ganando terreno el hecho religioso de la última cena, donde había 13 apóstoles y uno se suicidó. Se dice que si se sientan a comer 13 personas en la misma mesa, una de ellas muere antes de pasar un año. Si a esto le añadimos el día (martes en España, por ser el día de Marte, dios de la guerra y las disputas, y viernes en América y Gran Bretaña, por ser el día en que murió Jesús, por ser este día crucificado) hacemos más peligroso este número y lo que representa.

Dar patadas a una lata: “Quien patea una lata, mala pata”. Proviene de una costumbre que era no hacer ruido durante la noche para no atraer así a los animales depredadores que nos pudieran hacer daño.

Color amarillo: Aunque en un principio este color se asocia al sol y al oro (la riqueza por tanto), además de formar parte de los emblemas de reyes y emperadores a lo largo de la historia, este color se convierte en “maldito” por dos razones fundamentales: la primera la encontramos en la creencia de que este color también puede formar parte del azufre de los infiernos. Tanto es así que, durante la Edad Media, a los acusados de herejía y enfermos de peste se les vestía de este color, y las ciudades donde se sabía que había una epidemia, se les obligaba a señalar tal acontecimiento enarbolando en un lugar visible una bandera de este color. Además, el papa Inocencio III excluyó este color de la liturgia cristiana. La segunda, es entre los artistas, ya que es de triste recuerdo el atuendo que portaba Moliére cuando murió: amarillo.

Paraguas (abrirlo en el interior de un lugar): esta superstición en relativamente moderna, ya que debemos recordar que el paraguas no se introduce en Europa hasta el siglo XVII. Su procedencia es oriental, y allí sólo se le permitía la realeza (procedente de imperativo divino) el portar tal objeto, ya que ellos sí podían impedir el camino de los rayos del astro rey, por su condición semi-divina. Abrirlo por parte de una persona no noble, sería un sacrilegio. Otra teoría dice que lo que se intentaba era generar algo de atención ante el hecho de evitar un posible accidente cuando se abría en un lugar pequeño y con más personas, ya que las varillas podrían clavarse en el ojo de otra persona. Aun así, girar un paraguas en el interior de una casa, es muestra de ofensa al sol (Dios) y por tanto, portador de mala suerte.

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