R-101: El dirigible maldito

R-101: El dirigible maldito

SEVILLA 19.8.2019 / Jose Manuel García Bautista

La “maldición” del R-101

El absoluto fracaso y tragedia del dirigible R-101 fue el “justo” precio que tuvo que pagar la Vanidad humana.

Fue un ejemplo de incompetencia, ineficacia y soberbia, siendo las 48 víctimas que en el desastre perecieron los más perjudicados de toda esta escalada de decisiones precipitadas.

En 1923 la empresa aeronáutica británica “Vickers” propuso al gobierno conservador el uso de dirigibles como medio de transporte eficaz e incluso como instrumento de guerra.

En el orquestado plan de los directivos de la “Vickers” estaba el quedarse con el monopolio de este tipo de aeronaves en el Reino Unido pero no contaban con el cambio de gobierno de 1924.

Se pasó de una mayoría conservadora a una laborista que abogaba por la nacionalización y control estatal de la economía.

Sin embargo, Ramsay MacDonald, primer ministro laborista, sorprendió a todos con una increíble decisión: se llevaría a concurso la construcción del dirigible.

En tal concurso participarían dos naves, la R-100 de construcción privada a cargo de “Vickers” y la R-101 que correría a cargo del Ministerio del Aire. Un jurado popular decidiría cual era la mejor de las dos naves…

El 4 de Octubre de 1930, el dirigible R-101 partía rumbo a la India, eran las 18:30 h. y se hubo de largar lastre debido a la sobrecarga que llevaba.

Sobre las 20:00 h. volaba sobre Londres y comenzaba a recibir el parte metereológico de aquella tarde- noche, decía así: “viento en contra de 40 millas al norte de Francia, nubes bajas y fuertes lluvias”.

El mayor Scott trató de dar la vuelta, pero Lord Thomson -el principal de los responsables de la construcción de la nave- decidió seguir e insistía en que la nave tan sólo había sido probada bajo condiciones de vuelo muy favorables…

El vuelo continuaba y a las 02:00 h la nave se encontraba sobre el norte de Francia, en concreto sobre Beauvais.

En más de siete horas de viaje tan sólo habían recorrido algo más 300 kms. y volaba con graves problemas de estabilidad provocando grandes cabeceos y perdiendo altura.

A las 02:15 h. el morro del dirigible se inclinó peligrosamente, el jefe mecánico Henry Leech comenzó a hacer comprobaciones alarmado por el mal comportamiento en vuelo del R-101.

El altímetro del aparato registraba 350 metros sobre el nivel del mar pero la oficialía del dirigible pensaba que estaba equivocado ya que esta era sensiblemente inferior, pese a ello creyeron que podrían sobrepasar las colinas de Beauvais.

Los ingenieros John Atkins y Albert Bell avisaron al mecánico Alf Church tras otro cabeceo del R-101, la situación se estaba convirtiendo en una pesadilla y el pasaje estaba a merced del dirigible.

Se dio la orden de lanzar lastre y media tonelada de agua fue desalojada del morro.

A su paso por Beauvais los ciudadanos de esta localidad de asomaban a las ventanas de su casa llamados por la curiosidad de ver al gigante británico sobre los cielos franceses, volaba a 70 metros de altura y pese a sus numerosos problemas parecía majestuoso.

Tras pasar por esta ciudad se desató el drama, el timonel Oughton no se hacía con el control del aparato y los elevadores no respondían.

El dirigible volvió a cabecear esta vez muy pronunciadamente, el tejido o piel de la cubierta se rasgó, el viento entraba en el dirigible y el hidrógeno se salía por los muchos escapes provocados en este último cabeceo, la fuga del gas era excesiva y comenzó a perder altura.

Alfred Roubaille, un cazador de 56 años que se encontraba en la zona fue testigo de lo sucedido narrando como: “el dirigible tras inclinarse del morro comenzó a caer el picado”.

El primer oficial, capitán de corbeta Atherstone, dio la voz de alarma inmediata, caían sin remisión y no había salvación, ordenó al timonel jefe Hunt, que alertara a toda la tripulación y pasaje del peligro ante la inminente colisión.

El radio-operador Disley gritaba, la tensión era inimaginable. Los mecánicos se encontraban impotentes ante lo que estaban viviendo, sus esfuerzo por devolver la estabilidad al aparato era en balde… La situación empeoró cuando un golpe de viento precipitó con más fuerza a la indefensa nave sobre el suelo francés.

Cuando impactó sobre el terreno sólo se oía el murmullo siseante del escape de hidrógeno, seguidamente se vio una fuerte llamarada cegadora y de inmediato dos explosiones, se iluminó el cielo y el R-101 se convirtió en una bola de fuego, muerte y destrucción.

Hubo pocos supervivientes, el mecánico Victor Savory saltó al suelo medio cegado y logró salvar la vida.

Otro mecánico, Albert Cook, decía: “me tiré al suelo y me resigné a morir…”, una viga chorreando de celulosa ardiente se interpuso entre él y la salida… “por un momento pensé que moriría pero empujé la viga y me lancé al suelo”.

Cook sufrió graves quemaduras. Binks y Bells, mecánicos, salvaron sus vidas gracias a que un tanque de agua usado como lastre reventó encima de la barquilla donde se encontraban y escaparon.

Disley se estaba quemando vivo e incluso mordía el fuselaje para tratar de abrir una vía de escape, Leech pudo sacarlo del infierno en el que se encontraba a través de una hendidura al rojo vivo.

Murieron 48 personas de 54 que subieron a bordo.

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Jose Manuel Garcia Bautista

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