Nazis: el nacimiento de una locura

Nazis: el nacimiento de una locura

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SEVILLA 19.9.2020 / Jose Manuel García Bautista

¿Qué es un nazi? “Nazi” es una contracción de la palabra germana nacionalsocialista o Nationalsozialistische, y que en realidad sirve para designar a todo aquel que era simpatizante o integrante del partido que marcó los designios de la Alemania desde 1933 hasta 1945 con la caída de Hitler, su canciller.

El NSDAP o Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei), tendría un líder tan firme como desquiciado, él era Adolf Hitler y, junto a él, toda una cúpula de oscuros personajes que entre la política y el esoterismo crearon una doctrina de rituales y terror denominada como Tercer Reich.

Una vez re-inventada la Alemania tras las duras sanciones del Tratado de Versalles tras perder en la Iª. Guerra Mundial surge un secreto proceso de re-armamento de la nación germana al amparo de países satélites como Italia o España –con régimenes fascitas- que sirvieron de base logística para la escalada militar que apenas unos años después tendría lugar.

Con la llegada de Hitler al poder es anexionada la vecina Austria (de donde era originario Adolf Hitler) por la Anschluss; posteriormente fueron “anexionadas” otros territorios como los Sudetes, Memel, Danzig y otras tierras en Polonia, Francia, Checoslovaquia, Hungría, Holanda, Dinamarca y Noruega y así, dominando gran parte de Europa, comenzó el periodo llamado de la “Alemania Nazi”.

En sus comienzos el nazismo nació en los años 20 no siendo hasta casi una década después cuando alcanza su verdadera dimensión, en gran parte debido al descontento social existente por todo el peso sancionador que el referido Tratado de Versalles estaba teniendo sobre la economía germana.

Así, con el Jueves Negro que derivó la Gran Depresión la situación se agravó, los alemanes echaron a la calle en largas manifestaciones y el descontento era ya generalizado. Se imponía un cambio en el país, debía haber un cambio en el país y ese es el momento que aprovechan desde el Partido Nacionalsocialista para alzarse con la simpatía de los alemanes primero y con el poder después. Proliferaron los movimientos extremistas en la Alemania de la época y en ese contexto Adolf Hitler encontró el caldo de cultivo idóneo para sembrar su semilla ideológica.

La situación de crisis en Europa no se limitaba simplemente a la derrotada nación alemana, había toda una situación de declive económico y las democracias no podían hacer nada por gestionar satisfactoriamente la situación, así en países como la Unión Soviética, Italia o Japón se establecieron regímenes absolutistas, dictaduras, que parecían tener más poder de resolución en tal situación y salir del caos económico.

Con tal modelo, inquietante modelo, la Alemania de la época iba asimilando conceptos dictatoriales que posteriormente serían muy útiles a la causa alemana, que se ser una nación en declive iba a hacer una huida hacia delante que sembraría el terror en todo el Mundo.

Con todo ello también debía haber, y darse, un nuevo movimiento ideológico, un nuevo concepto político, la crisis económica también había derivado en una crisis de valores, en una crisis política…,el ciudadano de a pie ya no creía en aquello que le decían los políticos…¿Les suena?

Con ello el Fascismo emergía ante la decadencia política. De esta forma se hizo una conciencia política global más radical, más cerrada, menos tolerante, menos victimista. Fruto de aquella ideología nacieron conceptos tan temidos como el racismo, el antisemitismo, la eugenesia. Y con un doble apoyo: el de la nueva clase política y el de los pensadores como Georges Sorel, Vilfredo Pareto, Martin Heidegger, Gaetano Mosca, y Robert Michels.

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Hubo un rechazo al racionalismo y se miraba a antiguas épocas doradas para los alemanes, tales como su pasado germánico, evocado en las creaciones de Richard Wagner amén de las sociedades secretas que se iban ubicando cerca del poder, sociedades como la Vril o la Thule, primera en usar la esvástica y que patrocinó al Deutsche Arbeiterpartei (DAP),o lo que es lo mismo: la semilla Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores.

En todo ello también se actuaba con gran influencia por los escritores como Arthur de Gobineau que abogaba por una nación en la que existiera una diferencia racial entre los comunes y las clases dirigentes.

Ello dio pie a la denominada raza aria que Houston Stewart Chamberlain identifica «los arios» con los teutones y lo más importante para impactar a los descontentos alemanes de la importancia de su “raza” era que, en toda esta propaganda del nazismo, se hacía creer que el propio Jesús de Nazaret, Julio César u otros grandes dela Historia eran arios, así Stewart añadía:
«Los teutones son el alma de nuestra civilización. La importancia de cualquier nación, en la medida que es un poder actual, está en relación directa a la genuina sangre teutona presente en su población».

Se seguían uniendo pensadores y escritores a toda esta irrefrenable espiral ideológica extrema, sería Benjamín Kidd el que argumentaba:
«Nuestra civilización ha sido dada a luz como resultado de un proceso de fuerza sin paralelos en la historia de la raza… Por épocas incontables el combativo macho europeo se ha desbordado a través de Europa en sucesivas olas de avance y conquista, venciendo, exterminando, aplastando, dominando, tomando posesión. Los más aptos, que han sobrevivido esas sucesivas olas de conquista, son los más aptos por el derecho de la fuerza y en virtud de un proceso de selección militar, probablemente el más largo en la historia, el más duro, probablemente el más relevante al que la raza ha sido sometida».

Como se pone en evidencia era la semilla ideológica que posteriormente germinaría con tanta fuerza como violencia.

Para otros autores como Oswald Spengler la figura de Mussolini era una especie de nuevo César llamado a reverdecer los viejos laureles de la nación transalpina y a Francisco Franco en España no le faltaban igualmente personajes del mundo de las letras que adulaban su particular visión dela política y gobierno de España.

La semilla comenzaba a germinar y el fruto del nazismo era transformado en la ley del más fuerte, del falso reflejo de una raza emergente contra el poder antisemita que, en su opinión, sólo trataba de apropiarse del poder económico para dominar el mundo, o para justificar la derrota alemana en la Iª.Guerra Mundial, donde “rojos” y “judíos” cargaron con las culpas nazis de ser los responsables de aquella debacle.

Pero no sólo estos anteriores eran señalados como los culpables de la derrota en el primer conflicto armado mundial, también los políticos de la República de Weimar (social demócratas), que además eran apoyados financieramente por judíos adinerados entre otras fuentes de financiación, luego la relación no tardaría en llegar: “los comunistas son también judíos” y de ahí nace la llamada conspiración judeo-masónica.

Así, con las bases bien asentadas de la ideología nazi el totalitarismo fascista echa raíces, y para ello debía estar liderado por un caudillo supremo, con ambición y capaz de aunar en su persona el líder carismático que porte la bandera de la nueva ideología, donde el racismo abrazara al nacionalismo radical y al imperialismo.

Donde el pueblo cumpliera ciegamente los designios de su nuevo líder, capaz de seguirlo a la más cruel de las guerras o la más innombrable acción contra el género humano. Era la conquista del mundo según la ideología nazi, la conquista de todo aquello que no fuera tal y como designaba está casi nueva “doctrina”.

Y el líder surgiría de la mediocridad, pero con la capacidad de seducir a las masas con su fácil oratoria, tras él toda una cúpula de estrategas, personajes oscuros con un plan magistralmente diseñado: dominar el poder en Alemania, luego el Mundo, y su líder un austriaco que renegó de su patria buscando la grandeza germana: Adolf Hitler.

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