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Muere Steven Weinberg, uno de los padres de la Física moderna

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Durante su vida, realizó importantes aportaciones al Modelo Estándar de la Física, que le valieron el premio Nobel en 1979

El físico Steven Weinberg

Steven Weinberg, uno de los grandes nombres de la Física de este siglo, murió el pasado 23 de julio en su residencia de Austin, Texas, a la edad de 88 años. Allí, en Austin, en cuya Universidad fue profesor de física y astronomía desde la pasada década de los 80, el físico pasó la mayor parte de su vida. Nacido en Nueva York en 1933, al principio de su carrera Weinberg fue investigador en las universidades de Columbia, California en Berkeley, Harvard y el Instituto de Tecnología de Massachusetts. Científico agudo y excelente divulgador, sin él nuestra comprensión de la naturaleza íntima de la realidad no sería ni sombra de lo que es. Su trabajo resultó de excepcional importancia para consolidar el Modelo Estándar de la Física de Partículas, la gran teoría que describe una a una las diminutas piezas de las que está hecha la realidad y las cuatro grandes fuerzas que las gobiernan (electromagnetismo, gravedad, fuerza nuclear fuerte y fuerza nuclear débil).

Entre sus colegas, gozó siempre de un enorme prestigio y respeto. De hecho, muchos le consideran como uno de los mejores pensadores que ha dado la ciencia en más de cien años. En 1979, Weinberg fue galardonado con el Nobel de Física (junto a Abdus Salam Sheldon Lee Glashow) por ayudar a los físicos a unificar dos de esas cuatro fuerzas fundamentales de la Naturaleza. El electromagnetismo y la fuerza nuclear débil (responsable de la desintegración radiactiva de los átomos) son, en efecto, tal y como supuso Weinberg, manifestaciones diferentes de una única fuerza ‘electrodébil’. Esa fue su mayor aportación al Modelo Estándar, una teoría tan exitosa a la hora de explicar los resultados experimentales que ha servido de guía a los físicos de todo el mundo durante más de medio siglo.

«Cuanto más comprensible parece el Universo –dijo Weinberg en una ocasión– menos sentido parece tener». Con su mítico libro ‘Los tres primeros minutos del Universo‘, publicado en 1977, consiguió acercar al gran público los más difíciles conceptos de la Física. Quien lo haya leído habrá descubierto un mundo fascinante, vibrante, oculto y fundamental, la historia del ‘todo’, desde el momento mismo del Big Bang hasta unos pocos minutos después, toda una eternidad durante la que el Universo fue adquiriendo las características que conocemos y que hicieron posible que se convirtiera en lo que es en la actualidad. «El profesor Weinberg –ha dicho Jay Hartzell, presidente de la Universidad de Texas– desveló los misterios del Universo para millones de personas, enriqueciendo el concepto de naturaleza de la humanidad y nuestra relación con el mundo».

En otra de sus obras, ‘Sueños de una teoría final‘, publicada en 1992, Weinberg mostraba sus esperanzas de que la física estuviera cerca de encontrar una única gran teoría capaz de explicar por completo la realidad, desde lo más grande a lo más pequeño. Una teoría que logre unificar las predicciones contradictorias de la relatividad y la Mecánica Cuántica, ambas acertadas pero incompatibles entre sí. Weinberg sabía que él no estaría presente para verlo, e incluso se planteó la posibilidad que nadie vería nunca esa teoría. «Es posible que los humanos no sean lo suficientemente inteligentes –dejó escrito en su libro ‘Para explicar el mundo‘, en 2015– como para comprender las leyes realmente fundamentales de la física».

A lo largo de su vida, Weinberg también buscó, junto a otros muchos, la forma de completar el Modelo Estándar con la última de las fuerzas de la Naturaleza que aún se nos resiste: la gravedad. Nadie aún, en efecto, ha conseguido ‘cuantificar’ la gravedad, averiguar si, como en el resto de las fuerzas de la Naturaleza, también existe una partícula (un cuanto, llamado ‘gravitón’) que transporte la unidad mínima de la fuerza gravitatoria. «El esfuerzo para comprender el Universo, dijo en cierta ocasión, es una de las pocas cosas que eleva la vida humana por encima del nivel de la farsa y le imprime algo de la elevación de la tragedia».

Apasionado por la filosofía y la Historia de la Ciencia, Weinberg declaró su ateísmo en numerosas ocasiones: «La ciencia no hace imposible creer en Dios, solo hace posible no creer en Dios». Pero entre sus frases más célebres a este respecto, sin duda la más citada es esta: «Sin religión, habría gente buena haciendo el bien y gente mala haciendo el mal, pero para que gente buena haga el mal, se necesita la religión».

Fuente: ABC

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