Los hermanos Bécquer y su vinculo con la ciudad de Sevilla

Los hermanos Bécquer y su vinculo con la ciudad de Sevilla

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SEVILLA 22.11.2020 / Jose Manuel García Bautista

Enterrados en el Panteón de Sevillanos Ilustres, donde descansan los restos mortales de ambos hermanos, se celebra el 150 aniversario de los Bécquer.

Los hermanos, claros exponentes del Romanticismo, están unidos a la historia de Sevilla. La ruta se articula por doce espacios de la ciudad y parte del barrio de San Lorenzo. Este producto turístico no sólo permite descubrir la obra de los artistas, también un rico patrimonio que, en algunos casos, no es muy conocido. El Año Bécquer ofrece también la oportunidad de descubrir cómo era la Sevilla del siglo XIX que este movimiento convirtió en un destino exótico.

Casa natal

En la calle Conde de Barajas, antigua calle Ancha, se encuentra la casa natal del poeta. Actualmente, hay una placa en la fachada, pero el edificio ha sido transformado. A principios del siglo XX, el torero Antonio Fuentes, conocido como el torero de las golondrinas por su gran admiración hacia el poeta, la derribó y construyó otra nueva, en la que vivieron sus descendientes hasta mediados del siglo pasado. La casa del torero sufrió en 1975 un violento incendio quedando posteriormente cerrada y abandonada. Actualmente, del citado inmueble solo se conserva el lienzo de fachada. Para que la casa natal del poeta no desapareciera de la geografía de su ciudad y de la memoria de sus habitantes, Rafael Montesinos –también poeta sevillano y uno de los mejores conocedores de Gustavo Adolfo- escribió una carta al rey para que este edificio fuera declarado monumento histórico-artístico, cosa que ocurrió el 24 de mayo de 1979.

Parroquia de San Lorenzo

Gustavo Adolfo Bécquer se bautizó en la parroquia de San Lorenzo, diez días después de su nacimiento. Don José Bécquer puso a sus hijos nombres de reyes y emperadores. Al poeta sevillano le tocó el nombre del rey sueco, y le fue impuesto en esta iglesia en cuya pila bautismal fue bautizado el 25 de febrero de 1836, siendo su madrina doña Manuela Monnehay, una niña de 10 años, alumna de José Bécquer que moriría en octubre de 1855 de cólera. El apellido Bécquer es de origen flamenco. Los Bécquer habían llegado a Sevilla a finales del siglo XVI o comienzos del XVII procedentes de Flandes. José Bécquer lo adoptó porque sabía el cariño que su abuela paterna y madrina, doña Mencía de Tejada Bécquer, sentía por este apellido.

Calle Potro

La calle Potro se denomina actualmente Ana Orantes. Según Santiago Montoto, tras la muerte del padre en 1841 se trasladan a una modestísima casa en el número 27 de la calle Potro, como consta en el padrón municipal de San Lorenzo. Según los documentos de empadronamiento, tras la muerte de la madre, en febrero de 1847, se domiciliaron en el número 37 de la Alameda de Hércules con sus tías maternas María y Amparo. Aunque, según otros biógrafos, en 1838 la familia se traslada al número 27 de la calle del Potro y tras la muerte del padre, en 1841, la familia ocupará una casa en el número 12 de la calle del Espejo, hoy Pascual de Gayangos. A la muerte de la madre Gustavo se iría con sus tías María y Amparo a la Alameda. De esta época son los dibujos y algunos autógrafos que Gustavo hizo en el Libro de Cuentas de su padre. Cuenta Gustavo que cuando apagaban las velas, las noches de luna, él y Valeriano dibujaban iluminados por ella.

Colegio San Francisco de Paula

En 1842 el poeta inicia sus estudios en el Colegio San Francisco de Paula situado en la calle Jesús del Gran Poder. Posteriormente, en 1846, Gustavo Adolfo ingresaría en el Real Colegio de Humanidades de San Telmo. Allí conoce a Narciso Campillo con quien escribe un drama -Los conjurados- y una novela jocosa: El bujarrón en el desierto. Y, por supuesto, centenares de versos. Tras la supresión del Colegio de San Telmo, el 7 de julio del 1847, Gustavo estudia con el poeta Francisco Rodríguez Zapata, discípulo de Alberto Lista.

Calle Mendoza Ríos

Aquí vivieron los hermanos Bécquer desde 1852. Sería el último domicilio de Gustavo, ya que de aquí partió para Madrid en el otoño de 1854. Santiago Montoto habla del carácter vecinal y gregario de la casa.

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Museo de Bellas Artes

En los pasillos de esta pinacoteca se muestra de forma permanente el conocido retrato que Valeriano hizo de su hermano menor. Es la imagen del poeta más conocida y la hemos visto en numerosos libros de texto y publicaciones. Esa efigie incluso ilustró durante muchos años el ya desaparecido billete de cien pesetas.

Convento de Santa Inés

El convento está situado en la calle Doña María Coronel. En el muro de enfrente del coro bajo, situado a los pies de la nave central, se puede ver el popular órgano, uno de los más antiguos de Sevilla, que el poeta inmortalizó en la leyenda, Maese Pérez el organista. El interés de esta leyenda es triple: se trata de una evocación de la Sevilla del Siglo de Oro, es una rima en prosa a la música de órgano y supone una maravillosa transposición literaria del lenguaje popular sevillano. Además, Gustavo hace un guiño a sus antepasados flamencos cuando habla de los caballeros veinticuatro, ya que ellos lo fueron.

Catedral de Sevilla

Altar de las Santas Justa y Rufina Los Bécquer, nobles flamencos, llegaron a Sevilla a finales del siglo XVI para comerciar, y pronto alcanzaron una próspera situación entre las familias sevillanas más altas, con capilla propia en la catedral hispalense. Se trata de la capilla de las Santas Justa y Rufina de la Catedral, en la que están enterrados los antepasados del poeta. Está fechada en 1622, como data la reja de la misma.

La Venta de los Gatos

En la avenida Sánchez Pizjuán (antiguo camino del cementerio) se encuentra el que fuera el escenario de una leyenda de amor trágico entre el hijo del ventero y una moza. Aunque el edificio no tenga ninguna placa informativa respecto a su historia, sí encontramos en el barrio de las Golondrinas un discreto monumento a Bécquer.

Iglesia de San Vicente (Capilla de las Siete Palabras)

En 1884 la Sociedad Económica de Amigos del País, con José Gestoso a la cabeza, solicita a las autoridades pertinentes el traslado de los restos de Gustavo Adolfo a Sevilla. En 1912 la Real Academia decide que también vuelva Valeriano. El 9 de abril de 1913 se exhumaron en la Sacramental de San Lorenzo de Madrid los restos de los hermanos Bécquer y fueron conducidos en una carroza de tiro de cuatro caballos a la Estación de Atocha. El 10 de abril llegaron a Sevilla, a la estación de Córdoba, donde fueron recibidos por el alcalde, Antonio Halcón. Se instalaron en una improvisada capilla ardiente y, tras una ceremonia religiosa, esta quedó abierta al público. La lluvia impidió el traslado al Panteón de la Universidad y los restos fueron llevados a la capilla de las Siete Palabras, en la iglesia de San Vicente.

Panteón de Sevillanos Ilustres

Se localiza en la iglesia de la Anunciación, aunque se accede a través del patio de la Facultad de Bellas Artes. Aquí llegaron los restos de los Bécquer el 11 de abril de 1913 y fueron recibidos por el rector, Francisco Pagés. En realidad, llegaron a la cripta de la Anunciación y, en el año 1972, se trasladaron al Panteón. Bécquer dejó escrito su deseo de descansar en Sevilla, concretamente a orillas del Betis.

Glorieta de Bécquer. Parque de María Luisa

En 1910 los hermanos Álvarez Quintero (sus principales financieros), durante unos juegos florales en el Ateneo, anunciaron por sorpresa el proyecto, ya que eran unos profundos admiradores de Bécquer. Junto al escultor Lorenzo Coullaut Valera eligieron esta rotonda en la que crecía el taxodium y escribieron la obra La rima eterna para recaudar fondos. La representaron por toda España y América. Se abrió una suscripción pública en los periódicos y todo el mundo contribuyó. La escultura fue inaugurada el 9 de diciembre de 1911.

La escultura de mármol, declarada de Bien de Interés Cultural, está compuesta por el busto del poeta Gustavo Adolfo Bécquer, tres mujeres sentadas en un banco que simbolizan los tres estados del amor (el “amor ilusionado”, el “amor poseído” y el “amor perdido”) y dos figuras de bronce que simbolizan el amor herido (un hombre que se retuerce de dolor) y el amor que hiere (un joven Cupido). Estas tres mujeres representan la rima titulada ‘Amor que pasa’, de Gustavo Adolfo Bécquer.

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