Historia

La leyenda del Jesucristo de La Última Cena de Da Vinci

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SEVILLA 29.9.2019 / Jose Manuel García Bautista

Si hay un personaje que encarna, a la perfección, el Renacimiento, ese el Leonardo da Vinci.

Hay una leyenda que se teje en torno a una de las obras más célebres del artista italiano, de su inmortal “Última Cena”.

Cuando se disponía a pintar el fresco necesitaba la inspiración para representar a Jesús de Nazaret y los doces apóstoles. Muchos fueron los que visitaron a Leonardo pero, dado su perfeccionismo extremo, no quiso elegir a cualquiera.

Para Jesús de Nazaret eligió a un bello joven de 20 años, reflejaba la inocencia, la paz, la limpieza del alma, era idóneo.

Para el resto de los apóstoles fue eligiendo, con el paso del tiempo, a aquellas personas que tenían la cualidad que creía que tenía cada uno de ellos como la fuerza, la sabiduría, la templanza, la serenidad… Valores que trataba de inmortalizar.

Leonardo da Vinci tardó tres años en pintarla, desde 1495 a 1498 en el refectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie, por encargo del duque Ludovico Sforza.

Sólo le restaba pintar a Judas, el Iscariote, el traidor, el más complejo… No sabía cómo hacerlo por no encontrar un modelo adecuado. Así que decidió visitar las cárceles buscando la inspiración.

Buscaba a una persona con la cara fría, marcada por cicatrices que delatara la traición, la avaricia…

…y lo encontró en una cárcel donde había un reo condenado a muerte.

Allí estaba su “Judas”, con el cabello largo, mirada asesina y la cara marcada. Cuando acabó de pintarlo pidió a los soldados que se lo llevaran y el reo comenzó a resistirse gritándole:

-¡Leonardo! ¡Mírame bien! ¿Ya no me conoces?

Leonardo da Vinci respondió negativamente hasta que el condenado le dijo:

– ¡Soy yo! ¡El joven al que hace años elegiste para ser el modelo de Cristo!

La vida siempre pasa factura…

“La Última Cena” es un fresco al temple y óleo sobre dos capas de preparación de yeso extendidas sobre enlucido. Sus dimensiones son de 4,60 metros de ancho por 8,80 metros de largo, perderse observando este cuadro es uno de los mayores deleites para el alma.

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