La incomprensible resistencia al fuego de algunos seres humanos

La incomprensible resistencia al fuego de algunos seres humanos

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SEVILLA 8.12.2019 / Jose Manuel García Bautista

En muchas fiestas de todo el mundo hay un elemento que se suele dar y que tiene patrones y rasgos comunes: vencer al miedo y al dolor.

Desde faquires que se traviesan el cuerpo con sables y agujas, que duermen sobre camas de cristal, hasta personas que desafían al fuego caminando sobre brasas ardientes sin que, posteriormente, se compruebe que tienen ningún tipo de daño físico en su cuerpo.

¿Cómo es posible? ¿Tienen alguna facultad especial? ¿Han dominado el dolor? ¿Controlan a los elementos? ¿Hay algún truco? Son preguntas a un fenómeno curioso y que, en muchos casos, va más allá de nuestra comprensión.

Normal, para ellos, es la costumbre de caminar sobre brasas ardientes no es nueva, se practica a modo ritual o cómo rito cultural desde hace miles de años y en muchos puntos del mundo que no han tenido contacto los unos con los otros.

El hombre, incluso los niños, caminan sobre las brasas sin quemarse. Es un ritual donde se rinde homenaje a fuego como elemento sagrado, sabiendo que éste era tenido como purificador y los brujos, hechiceros y chamanes solían hacer el sacrificio de caminar sobre las brasas cumpliendo con un ritual de sanación de su comunidad.

Cuando se camina sobre el fuego, sobre brasas y rescoldos, se establece un vínculo mágico con el fuego de la vida.

Pero va más allá de una simple costumbre pues en muchas culturas se considera como una iniciación, para unos para subir un peldaño en la consciencia, para otros como escala social.

En círculos esotéricos se considera que andar sobre el fuego fortalece la concentración, el estrés y se despiertan otras cualidades.

Claro que previamente deben enseñarte a caminar sobre él sin sufrir daños pues de lo contrario puede ocasionar graves quemaduras en la planta de los pies.

La práctica de andar sobre el fuego son comunes en las fiestas locales del mundo, patronales, o en lugares como la India, Sri Lanka (Ceilán antiguamente), islas Fidji y la cuenca mediterránea. En todos estos lugares el elemento fuego es común.

En Fidji no se camina sobre brasas al rojo vivo –como se podría ver en otros lugares del mundo- sino sobre piedras ardientes.

Otros lugares como en Grecia, en la playa de Agia Eleni, a finales del mes de mayo se celebra una fiesta por la cual los hombres caminan sobre brasas ardientes mientras sostienen iconos de san Constantino y santa Elena.

En la provincia de Soria (España) encontramos a un curioso punto cuyo desafío al fuego sorprende a propios y extraños.

Localizamos en el pueblo de San Pedro Manrique, es un lugar que es considerado ‘el fin del mundo’, allí, en la frontera con otras provincias españolas también se convive con otras realidades, con otros mundos.

Quienes deciden probar su valía lo hacen con firmeza, con paso decidido, sin pensar en nada, desafiando al dolor y a la propia mente que, en muchas ocasiones, es la que provoca la debilidad en nuestro cuerpo y la carencia del arrojo necesario para hacerlo.

Se considera que andar sobre el fuego en una tradición que, en Europa, habría que buscarla entre los pueblos celtas, en viejas y ancestrales costumbres paganas cuyo rito se hunde en la noche de los tiempos.

De andar sobre las brasas ardientes nació la creencia de la invulnerabilidad, sobre todo si se hace en una fecha mágica, en la fecha del solsticio de verano.

…Es donde lo imposible se hace posible y donde las puertas de ‘otro lado’, del mundo de los muertos se abre para dar paso, por unas horas a aquellos que fallecieron y que vienen a buscar o acompañar a los vivos.

En el pueblo, en la víspera de la noche mágica de san Juan, sobre las diez de la noche, se enciende una gran hoguera en la plaza justo delante de la capilla de la Virgen de la Peña.

Se usa un material que se va a buscar a Sarnago, es madera de roble, se extiende –como si de una alfombra se tratara- y se prende… Además el lugar tiene su leyenda y su magia pues allí se apareció la Virgen, sobre un arbusto espinoso, que ya no ha vuelto a secarse.

Igualmente el punto es un imán para el misterio pues se han producido curaciones milagrosas según hay constancia histórica a través de documentos y viejos legajos.

Vecinos de esta localidad –que constituye una atracción turística ya tradicional- andan sobre las brasas incandescentes, pero antes hacen un voto de caridad ante la Virgen, lo hacen descalzos.

Sobre sus plantas desnudas, en unas ocasiones portan un niño u otra persona sobre la espalda pisando con firmeza, y lo curioso es que no sienten dolor ni se queman.

Las brasas pueden tener una temperatura de entre 500 y 1000ºC y, sin embargo, nadie sufre daños o siente dolor.

No obstante la Ciencia ha querido analizar éste fenómeno aduciendo que las brasas de la madera producen quemaduras por su temperatura, no por conducir la calor.

Así la ceniza que rodea la brasa es mala conductora del calor y la temperatura de la brasa no es uniforme.

Los hombres que caminan sobre ella la hacen de forma rápida, en poco tiempo, no siendo suficiente para que puedan sufrir daño, además los pies van bien irrigados y calientes para que no se les adhieran ninguna brasa, pero es sólo una hipótesis pues son muchas las personas que ponen en duda tal planeamiento.

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