La casa del terror

La casa del terror

SEVILLA 20.1.2020 / Jose Manuel García Bautista

Cuando se habla de un lugar encantado, es fácil que salgan a relucir hechos escabrosos, desafortunadas historias familiares, demencias incontroladas, entidades o posesiones demoníacas…

Todo ello viene a alterar la paz de lugares que, en otro caso, hubieran pasado sin pena ni gloria por las páginas de la historia de la edificación.

Esos son, de hecho, los ingredientes principales de una pequeña casita encantada conocida como la casa de los Wyatt o la casa de Maple Street. Se encuentra en la ciudad de Ithaca, en Michigan, y fue construida casi al mismo tiempo que se fundó aquella, hacia 1871, por lo que forma parte de la historia de la localidad.

No es una gran mansión de las que solemos imaginar al visualizar un edificio encantado, pero su diseño sinuoso y poco funcional hace que no sea agradable vivir en ella.

Cuenta con un sótano grande y dos plantas superiores. Es bastante difícil moverse por la casa, ya que las habitaciones están muy aisladas unas de otras, ofreciéndote una escalofriante sensación de soledad.

A esta idea contribuye también el hecho de que la planta superior esté cerrada por una puerta que la separa de la planta principal, lo que, por lo general, suele resultar bastante incómodo, porque te aísla del resto de personas que estén en la casa.

La edificación fue construida por y para Joseph Wyatt y para su esposa Sarah. Joseph no era un hombre especialmente rico, pero vivían de forma más o menos acomodada.

Pero todo se torció. Al parecer, Sarah no pudo darle hijos a Joseph a pesar de que éste los deseaba fervientemente. Es más que probable que no fuese ella la causante de dicho infortunio y que fuese él quien no podía concebirlos, si bien la culpa recayó sobre ella, algo que tampoco era poco frecuente en la época: la virilidad de un hombre era una cuestión casi de estado y solía ser la parte femenina de la pareja la que soportaba el peso de ese tipo de problemas.

Joseph, que al principio adoraba el piano y pasaba largos ratos tocando para sí, fue frustrándose cada vez más y más. Poco tiempo después, acabó convenciéndose a sí mismo de que la oscura razón de que Sarah no pudiera darle hijos, pues ni siquiera se planteaba que él mismo fuera estéril, era que ella estaba poseída por un demonio que lo hacía imposible. El objetivo de esa supuesta entidad demoníaca era nada menos que causarles el mayor sufrimiento posible.

Convencido de ello, Joseph acabó por atacar a Sarah con un cuchillo bien afilado con la no muy sana intención de finalizar la posesión sacando al demonio de su cuerpo a través de su sangre. Ni que decir tiene que no tuvo éxito y que Sarah murió rápidamente.

Él, temeroso del ridículo y de lo que dirían las habladurías de la gente, la enterró el cuerpo en un bosque alejado de la casa, también con la intención de alejar de la casa a los demonios que la poseían. Hasta su muerte, en 1910, él permaneció totalmente convencido de que no había matado a su mujer, sólo a un demonio.

Matthew y Cynthia Kinney adquirieron la casa y le hicieron algunas reformas.. No se tiene demasiada información sobre su experiencia, pero sí se sabe que pidieron oraciones y consejos sobre presencias demoníacas a la comunidad presbiteriana local.

¿Acaso Joseph Wyatt no andaba errado? La cuestión es que para 1930 le vendieron la casa a una mujer llamada Isabel. Los vecinos pronto empezaron a quejarse de los ruidos que provenían de allí, gritos, golpes, incluso sonidos de piano…

Hasta que una noche la pudieron ver corriendo despavorida por la planta superior, agitando la cabeza y los brazos muy asustada. Finalmente fue internada para que no se hiciera daño a sí misma.

Cuando fueron a buscarla, encontraron marcas de golpes en las puertas del sótano. Isabel dijo que el piano no paraba de sonar y que había golpeado la puerta para dejar de escucharlo.

También los vecinos habían escuchado el instrumento, pero no había ningún piano en la casa cuando lo revisaron.

Durante más de 60 años, la casa ha estado en manos de la misma familia, hasta que ha sido recientemente vendida. Así, uno de sus miembros que prefiere no dar su nombre, narra la historia de la casa, así como la experiencia que algunos de ellos han tenido en.

“(Mis abuelos) empezaron a arreglar la casa con el poco dinero que tenían. Pronto empezaron a ocurrir cosas extrañas. (…) Las experiencias van desde extrañas fotografías (…) hasta otras más terroríficas”.

“Mi abuelo estaba en el baño y vio como el rollo de papel higiénico desenrolló por completo ante él. Mi madre vio (…) el pomo de una puerta girar solo y abrirla, estando vacía. Esto ocurrió a las dos de la madrugada, una hora que parece significativa en las cosas vividas en la casa. Semanas después, escuchó una voz demoníaca que le decía “¿¡Qué estás haciendo aquí!?” (…). Un día, en la habitación principal, ella estaba doblando ropa y vio como el jarrón de flores secas giraba, primero despacio y luego cada vez más rápido, para luego flotar tras ella y estrellarse en la pared”.

“Mi tío dice que vio una mujer ensangrentada aparecer en mitad de la noche, (mirándolo a apenas un par de metros)”.

Convencidos de que “algo” no quería que estuvieran en la casa, decidieron venderla recientemente.

Al publicarlo en la red, otro usuario, también anónimo, deja un comentario indicando que no encuentra rastro de ningún Joseph Wyatt que haya vivido en Ithaca, mientras otro cuelga un post bastante ilustrativo:

“Bueno, creo que mi hermana es la propietaria actual de esta casa y estos hechos explican muchas cosas”.

Quizá una de las peores casualidades que puedes encontrar en un tu vida es comprar una casa encantada sin saberlo.

Son casas encantadas del mundo, casas del terror, lugares donde no querría quedarse a pasar la noche… ¿Se atreve?

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