MISTERIO

El OVNI de Acha

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SEVILLA 22.3.2020 / Jose Manuel García Bautista

Sucedió en 1973 en la localidad de Achar en Tacuarembó (Uruguay). Aquel día a los habitantes de aquel tranquilo lugar les sorprendió una grande explosión. Aquello les llenó de miedo e inquietud. Pronto un olor a quemado llegó hasta Achar y las sorpresas no habían hecho más que comenzar…

Antes de que aquel objeto impactara contra el suelo se había visto un extraño objeto en la zona, de color rojizo que había movimientos imposibles en el cielo. Nadie sabía exactamente lo que había ocurrido y se dijo que el causante de todo había sido un rayo…

En la zona apareció una huella, una huella que era una gran quemadura en el terreno, como la rueda de un carro. La parte central tenía seis metros de diámetro, los surcos se extendía a casi doce metros, y aún había más marcas y una pregunta: ¿Qué había podido dejar marcado de aquella forma tan terrible el terreno?

El investigador argentino Luis Brugos se trasladó a Acha tres años después y aunque había pasado ya el tiempo aún impactaba ver el lugar.

Los habitantes de la localidad dijeron que el ejército uruguayo investigó el suceso y no concedió mayor trascendencia al incidente, pero la huella, tres años después, aún estaba en aquel desangelado paraje…

Comenzaron a desvelar más datos sobre aquello, por ejemplo: la huella estaba cargada de magnetismo y alteraba cualquier brújula que se acercará al terreno perturbando la orientación de su norte. Además el equipo argentino descubrió como la fauna del paraje crecía mucho más en torno a la zona del incidente, al epicentro del presunto impacto.

Las rocas y piedras del entorno estaban parcialmente calcinados y en el interior presentaban resto metálicos que no tenían otra procedencia que la del objeto que impacto sobre el lugar.

El investigador argentino llevó varias muestras a Buenos Aires donde el equipo del Instituto de Geología Aplicada de la Facultad de Ciencias en La Plata siendo el geólogo Raúl barrio quién tomó el control del análisis de las mismas llegando a una sorprendente conclusión: aquellas muestras contenían restos de aluminio, titanio y un elemento desconocido.

Además Barrio añadió: “los restos metálicos que originaron aquel cráter no era de origen natural, quedando descartada la opción de un meteorito natural para explicar el suceso”. Además prosiguió: “las muestras estuvieron sometidas a una temperatura cercana a los 700º y aquella aleación no era conocida en el planeta Tierra”.

El equipo del Laboratorio de Metalurgia de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Uruguay cobró interés por el incidente y llegaron a idénticas conclusión que el equipo e investigación de Luis Burgos.

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