El misterioso broche de Penestre

El misterioso broche de Penestre

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SEVILLA 23.5.2020 / Jose Manuel García Bautista

“Manios med fhe fhaked Numasiol” o “Manio me hizo para Numerio”, esa críptica leyenda es la que figuraba en un broche de bronce hallado en la ciudad italiana de Palestrina (Penestre) en el año 1887.

Su antigüedad se cifra en el siglo VII a.C., siendo la prueba escrita en latín más antigua que se conserva. Y he ahí su misterio: el latín sería un idioma escrito comúnmente en la época, y eso extrañó a los expertos… No todo el mundo sabía escribir…

Su descubridor fue el reputado Wolfgang Helbig, un reputado científico y arqueólogo que debido a ese descubrimiento ocupó el cargo de director del Instituto Alemán en Roma.

Pero las brumas del fraude comenzaron a planear sobre tan extraña pieza, y se descubrió el pasado de “trapicheos” de Helbig con diferentes museos europeos y su afición a las piezas de dudoso origen y autoría… Nadie osaba llevar la contraria a tan poderoso personaje y quién lo hacía caía en la desgracia y el olvido académico.

Fallece en 1915 y el mundo arqueológico llora su pérdida. Sin embargo comienzan a investigarse las fuentes de Wolfgang Helbig por parte de la investigadora italiana Margarita Guarducci, directora nacional de Arqueología de Italia, más conocida por ser una de las más activas investigadoras en torno a la basílica de San Pedro y a la tumba del Apóstol San Pedro en 1965.

Así la investigadora afirmó con rotundidad que la pieza conocida como el “Broche de Penestre” era un falsificación llevada a cabo por Francesco Martinetti (comerciante, restaurador y anticuario que traficaba con piezas clásicas) y el otro falsificador era, nada más y nada menos, que el propio Helbig al añadirle la aguja que convertiría la pieza en broche… Y la pieza etrusca pasó a ser pieza contemporánea europea sin más valor que el del material sobre la que estaba realizada…

Así pues Helbig usó un broche auténtico y una tumba auténtica para realizarlos pero la inscripción era más falsa que Judas… Y aquello dejó petrificados a los arqueólogos y expertos en Arte, máxime cuando en casa del primero de ellos se halló todo tipo de objetos de valor escondido y dispuestos al comercio ilegal… Amparado en su época por el propio Helbig…

Y así se cayeron dos mitos: la prueba más antigua de la escritura en latín y la figura honesta del arqueólogo Wolfgang Helbig.

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