MISTERIO

Cultos paganos ayer, cultos cristianos hoy…

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SEVILLA 24.10.2020 / Jose Manuel García Bautista

Por todos es sabido que en Andalucía los “tronos” o “pasos” (dependiendo de la zona la denominación variable) gustan sobremanera, sobre todo cuando llega el tiempo de la Semana Santa y los cofrades ven llegar sus siete días más esperados.

Sin embargo la pasión que se siente por las imágenes y su procesión no es nueva en nuestra tierra y ya, en épocas pretéritas tenía especial relevancia un personaje, un dios: Adonis, de su culto y festividad derivarían las Adonias. Así el rito era bastante similar en las diferentes regiones pues había una transición desde el luto por la muerte del Dios y posterior bajada a los Infiernos, a la algarabía por su mítica resurrección.

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Curiosamente en Biblos desembocaba el río Adonis, cuando la arena del Líbano teñía sus aguas tornaban a un tono rojizo que recordaba a la sangre y se tenía por la sangre de Adonis, del dios. Era todo un acontecimiento que era temido por aquellos primitivos pobladores de la zona, así mostraban públicamente su congoja con golpes de pecho de las plañideras a la voz de: “¡Ha muerto Adonis! ¡Llorémosle!”. En otros lugares, como el la egipcia Alejandría, se echaban al mar cartas con la creencia que la misma llegaría hasta Biblos y anunciar la resurrección de Adonis.

En aquellos tiempos se sacaba en procesión, en unas “andas”, a Venus y Adonis, la primera de ellas era popularmente conocida por fenicios y babilonios como Salambona y en Sevilla tendrían especial relevancia al ser su imagen objeto de la ira de las santas Justa y Rufina que no concedieron más valor a la diosa romana realizada en barro que a sus botijos fabricados en dicho material.

Curiosamente se le colocaba a la diosa unas bolsitas de plomo en el interior de los ojos y cuando el barro se calentaba esta se derretía provocando el “llanto” de la imagen ante la que los romanos caían rendidos adorando el “prodigio”.

Durante la procesión se quemaba cera y se volcaba en el Guadalquivir ramas de laurel, rosas y anémonas… La tradición ha cambiado pero la esencia caso sigue siendo la misma: culto y devoción.

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