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Así ha perdido el Madrid el dominio del balón parado

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Con la lesión de Kroos y la marcha de Varane y Ramos, los blancos han dejado de ser el equipo que más peligro generaba en estas jugadas, que suponen el 20% de los goles de equipos como el Liverpool

Redacción: 19/11/2021

Según El País, unas semanas después de perder contra el Real Madrid la final de la Champions de 2018 en Kiev, Jürgen Klopp, inquieto con una laguna en el juego del Liverpool, llamó a un danés que iba conduciendo con el teléfono apagado y le dejó un mensaje en el contestador. Cuando se detuvo en una gasolinera, Thomas Gronnemark, de 45 años, preparador especializado en saques de banda, encendió el aparato, escuchó el mensaje y trató de devolver la llamada, sin éxito. Así que siguió hacia casa. “No llevábamos mucho tiempo conduciendo cuando sonó el teléfono. Mi esposa lo miró. ‘¡Es Jürgen!’. Me salí de la carretera y me metí en un descampado, detuve el coche, respiré profundo y contesté”, contó en The Coaches’ Voice.

El Liverpool había mejorado bajo la dirección de Klopp, pero había un aspecto que le preocupaba tanto como para encargarse personalmente de aquella llamada. “Me dijo que era evidente lo malo que era el equipo en los saques de banda, y me invitó a una reunión para ver si era posible que yo prestara mi ayuda”, recuerda Gronnemark, a quien terminaron contratando.

Las jugadas a balón parado, como los saques de banda, las faltas y los córners, aparecen casi siempre en la lista de tareas de los entrenadores. Se trata de uno de los aspectos del juego menos caóticos y más controlables a través de la repetición.

Además, resultan especialmente tentadoras para los técnicos, porque sacar más partido a esas jugadas no implica obtener menos del resto. Lo que se extrae de ese pozo siempre es un añadido que se suma a lo que se produce a través del juego con el balón en danza. También es una de las facetas que más frustración provocan cuando no funciona del modo esperado, como le sucede a Carlo Ancelotti, entrenador del Madrid. “Es verdad que no hemos marcado mucho”, rumiaba ya antes del último partido de Liga previo al parón de selecciones. “Estamos organizando mejor el posicionamiento en el área de penalti contraria. Es un problema que tenemos, y que esperamos arreglar muy pronto”.

Pasado el primer tercio de la Liga, se ve que el Madrid ha perdido mordiente a balón parado. Se sitúa entre los equipos que dominan las principales Ligas europeas que menos amenazan en esa suerte: solo el 7% de sus goles provienen de estas jugadas, mientras que el Liverpool saca de ellas casi el 20% y el Bayern, casi el 18%. Esos eran precisamente los registros en los que se movían los blancos la temporada pasada, cuando el balón parado les aportó el 18% de los goles, casi uno de cada cinco.

El cambio no es solo atribuible al azar, que en el fútbol pesa siempre tanto en el instante final del gol. Por debajo de cuánto se marca se encuentra qué tipo de ocasiones se generan, que depende menos del azar y es más repetible. El curso pasado el Madrid era el equipo de la Liga que más amenazaba a balón parado: producía ocasiones que, según los cálculos de Statsbomb, suponían 0,36 goles esperados cada 90 minutos, es decir, uno cada tres partidos. También era el equipo al que menos ocasiones le generaban con estas jugadas. Sin embargo, ahora sus números lo colocan en la zona media de la Liga, en ataque y en defensa. Un equipo del montón, es decir, con margen para volver a explotar el pozo del balón parado, que ofrece un número de opciones bastante constante: al Madrid, alrededor de una cada dos minutos en los últimos años.

Sin embargo, la cantidad de ellas que consiguen que termine en un disparo se ha hundido: si en las cuatro últimas temporadas rondaba las dos por partido, es solo una. Solo el Elche y el Levante han generado menos situaciones de este tipo, y ambos se encuentran en posiciones de descenso. ¿Qué ha sucedido?

Ancelotti señalaba la disposición de los futbolistas en el área, pero se puede apuntar algún factor más. Por ejemplo, la baja inicial de Toni Kroos, que se perdió los primeros siete partidos de Liga por una lesión de pubis. El alemán aparece habitualmente entre los tres futbolistas de la Liga cuyos lanzamientos de falta o córner terminan más veces en gol, al menos tres al año. Su influencia resulta también extraordinaria en la producción de ocasiones: los últimos cursos, sus saques terminaban en el tiro de un compañero unas dos veces por partido. Este año, de momento, solo una.

La explicación seguramente sea una mezcla que incluye en parte a Kroos, en parte el posicionamiento del que habla Ancelotti y en parte el cambio de la pareja titular de centrales. Varane dominaba el juego aéreo, del que ganaba alrededor del 75% de los duelos, mientras que Ramos, aunque iba perdiendo autoridad (del 70% se había ido acercando más al 60%), mantenía un raro olfato goleador. Su lugar lo ocupan ahora Militão, que ganaba casi el 80% de esas batallas y ha caído al 65%, y Alaba, acostumbrado a moverse en el 50% y que ahora se acerca al 60%.

El ejemplo del Liverpool

Sea cual sea la composición precisa de esa mezcla, el balón parado parece el área en el que el Madrid tiene margen para mejorar tanto su seguridad defensiva como su producción en ataque, donde ahora la puntería le permite marcar por encima de lo que los números dicen que genera. “El año pasado con el Everton marcamos muchos goles en esto [el 30% del total]. Los lanzadores eran buenos, como aquí. El posicionamiento de aquí tenemos que mejorarlo”, ha dicho Ancelotti.

Después de perder la final de la Champions de 2018, el Liverpool ganó la de 2019 al Tottenham en el Metropolitano. La victoria empezó a forjarse en la pizarra del balón parado de uno de los clubes con el departamento de análisis de datos más avanzado del mundo.

Instantes antes del saque inicial, Mané, Firmino, Robertston, Fabinho y Wijnaldum se movieron hacia la izquierda y se agacharon tocando con los dedos la línea del centro del campo. Henderson sacó atrás a Van Dijk, que envió un pelotazo cruzado hacia el flanco izquierdo, por donde corrían los cinco velocistas de la divisoria. El balón acabó en Mané, que se lanzó al área y, solo 23 segundos después del pitido inicial, sacó el penalti más rápido de la historia de las finales de la Champions. Salah marcó el 0-1. Origi cerró el marcador en el minuto 87 (0-2).

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