MISTERIO

Antropología de las supersticiones (I)

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SEVILLA 18.4.2021 / Jose Manuel García Bautista

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Del latín súper y sitio (estar encima). También puede provenir de supersite (preservar, hacer durar).

En mayor o menor medida, todos somos supersticiosos, aunque no sabemos bien el origen. Y esto ocurre porque la superstición es tan antigua como el paso del hombre por nuestro planeta. Aunque estas, al igual que nuestro avance generacional, ha ido evolucionando con el tiempo, mezclándose así con costumbres regionales (mal o bien transmitidas), folklore e incluso, leyendas particulares. En realidad, estamos hablando de un tema que, junto con el resto de lo que somos, forma parte de nuestra vida cotidiana. Nadie, en mayor o menor medida, se libra de la superstición, aunque a veces la fuerza de la costumbre, nos haga no darnos cuenta del uso continuado que le damos a esta en nuestra vida.

Podemos considerar que, a lo largo de la historia, la superstición ha sido necesaria en algunos momentos, y crucial en otros. Grandes batallas, reinados, momentos decisivos, e incluso bodas han partido de una superstición y por tanto, ha cambiado esta la vida de un gran grupo de personas. Así de importante es esta.

En realidad, la superstición es una parte importante en la vida del ser humano, como punto de apoyo donde explicar no sólo la propia existencia del hombre, sino los acontecimientos que le ocurren, y que escapan a su control ético, social, cultural o religioso. Y no debemos dejar de pensar en que, esta misma, puede tener su origen en causas que, realmente, escapan y escaparán a nuestro raciocinio.

Supersticiones y religión

Dentro de lo que hoy consideramos el paganismo, la superstición ha tenido un papel fundamental en el desarrollo de las creencias. Por poner un ejemplo, los eclipses fueron hasta hace pocos siglos motivo de creencias de lo más variopintas, no sólo sobre el mismísimo destino de la Luna, sino de la humanidad tras la visión de esta “aterradora” circunstancia. Ha sido quizá este hecho el que más ha despertado la imaginación del hombre a la hora de crear historias que luego, se incorporaron a fuego en las creencias y folklore de muchas civilizaciones.

Pudo ser incluso este satélite natural el culpable de la “demonización” de la mujer durante tanto tiempo, al relacionar a esta con la luna, simplemente, por un motivo natural: la menstruación, tan similar en duración a las fases de la luna (¿puede tener en realidad algo naturalmente que ver?). Esto, unido a que los conocimientos más importantes sobre plantas medicinales, curación y tratamiento de ganado (así como asistencia a partos), además de otras tantas virtudes aprendidas por la observación, le hicieron competidoras del mismo hombre y su hegemonía sobre las creencias religiosas, que fueron perseguidas y vejadas hasta no hace mucho tiempo, por brujería. Nosotros, al igual que Voltaire, debemos preguntarnos: ¿No fue esta persecución quizá producto también de una creencia, que bien podría ser una superstición?

Pero también ha existido la dualidad superstición-historia como ya hemos comentado, unido eso sí a las creencias adivinatorias impulsadas por personas que, en muchos casos, eran capaces de predecir lo que podría ocurrir en un momento de la vida de una persona. Estos mismos, extendían creencias creadas desde su perspectiva sobre ciertos objetos mágicos que podrían proteger a esa persona del mal que le acechaba, y que de no creer en el poder del mismo, tal acontecimiento ocurriría irrevocablemente.

Hay detractores que piensan en que tal acontecimiento se debe sólo a una tradición folklórica, pero los hechos han trascendido e incluso, son recogidos por los más serios y eruditos libros de historia. Por tanto, debemos pensar que no estaba lejos de la realidad aquel consejo que dejó de realizar el rey o conquistador maltrecho de turno. Esto, no quiere decir en absoluto que no existan otras supersticiones que no tienen base alguna, aunque todavía hoy en día siguen perdurando en el tiempo y en nuestra memoria.

Lo cierto es que ha existido una selección natural en las supersticiones para que, a nuestros días, sólo hayan pasado unas pocas de las muchas existentes miles de años atrás. El mismo cristianismo se ha encargado de “filtrar” todas esas creencias. En principio, con la razón y el diálogo, como se muestran en los sermones de San Máximo de Turín en relación con un eclipse (s. V), y el revuelo levantado ante tal acontecimiento, que trató de dar también tintes religiosos, ya que explicaba que, como creación de Dios que era, la mejor forma de ayudar a la Luna en ese doloroso tránsito era con oración en la iglesia, y no con gritos y hogueras en los campos.

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Desgraciadamente, este razonamiento no caló en la opinión pública, y se hacía cada vez más latente la relación entre superstición y paganismo. Por tanto, comenzó una acérrima lucha contra el paganismo que comenzó por lo dictado en el concilio de Arles (452) y en el de Tours (567). Estos dos conceptos fueron metidos en el mismo saco, y perseguidos durante años con saña.

Superstición y “monstruos”

También jugó un papel fundamental la superstición para explicar las malformaciones sufridas no sólo por humanos, sino también por animales. En un principio, estas eran explicadas por la extraña intercesión durante el embarazo de la mujer o animal de alguna entidad maléfica, que deseaba el mal contra esa familia o animal. En otros casos, se llegó a pensar que una posible relación “aberrante” entre un humano y un animal traía consigo esa gestación deforme. Por tanto, estas personas eran injustamente perseguidas.

En este punto, debemos explicar la causa de esta persecución, y la posterior implicación del Diablo en tales fenómenos de la naturaleza, sea animales o personas. En un principio (lo que levantó el revuelo), San Agustín llegó a asegurar que tales malformaciones no eran sino obra también de Dios, que mediante las mismas, trataban de darnos una señal, que a veces, era de prodigio, otras de futuro y, en algunos casos, prueba de bondad y confianza. Ante estas aseveraciones (además de otras) el pueblo comenzó a ver la figura de Dios como posible causante de tales actos, aberraciones para algunos. Por tanto, tuvieron que dar con la figura del mismísimo Satanás y sus huestes como causante, y desterrar a Dios de todo esto.

Hemos de aclarar que, la superstición decía que determinados hechos vistos en los astros, o determinadas costumbres de animales o personas, eran las causantes de tales partos. Por tanto, no faltaban aquellos que, con ciertos conocimientos, realizaban ritos para alejar el mal de estos, ritos que luego fueron adoptados por la gran mayoría de las personas integrantes de esa cultura, pasando así a formar parte de su folklore, en algunos casos, prohibidos posteriormente.

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